Cuidar la cordillera: el arte de caminar sin dejar huella

Hola, soy Mateo Rivas. Si estás acá leyendo esto, es porque compartimos la misma pasión: mirar hacia arriba, ver la inmensidad de los Andes mendocinos y sentir esas ganas incontenibles de ponernos las botas y empezar a subir. Pero la montaña no es un gimnasio al aire libre ni un parque de diversiones con servicio de limpieza. Es un ecosistema vivo, antiguo y, aunque parezca rudo y eterno, sumamente frágil.
Cada vez somos más los que caminamos por los senderos de Alta Montaña, ya sea buscando la mística del Aconcagua, recorriendo los alrededores de Puente del Inca o descubriendo quebradas menos conocidas. Por eso, hoy quiero que hablemos de cómo ser caminantes responsables. No se trata de prohibir, sino de entender el impacto de nuestros pasos para que las futuras generaciones encuentren estos gigantes de piedra tan salvajes y puros como los encontramos nosotros hoy.
Pautas fundamentales para el caminante ético
El gran mito de los residuos orgánicos

Seguramente lo escuchaste alguna vez en una juntada o en un grupo de trekking: "No pasa nada, es orgánico, se descompone solo". Tirar la cáscara de banana, el carozo de un durazno, una cáscara de naranja o incluso la yerba usada del mate parece inofensivo. Sin embargo, en la Alta Montaña de Mendoza el clima es extremadamente árido y frío. La descomposición aquí no funciona igual que en una selva húmeda o en el jardín de tu casa.
Una cáscara de banana puede tardar años en degradarse en la sequedad de la cordillera. Mientras tanto, altera la dieta de la fauna local que se acostumbra a la comida humana, afea el paisaje y atrae plagas a zonas donde no deberían estar. El principio de un caminante responsable es simple: todo lo que sube en tu mochila, vuelve en tu mochila, sin excepciones.
Los senderos no son una sugerencia

Cuando caminamos por zonas populares como la Quebrada de Vargas o el sendero a Horcones, vemos huellas bien marcadas. A veces, para cortar camino en un caracol empinado o para sacar una foto diferente, caemos en la tentación de salirnos de la huella. Este es uno de los daños más silenciosos y graves que podemos causar.
El suelo de la alta montaña está compuesto por sedimentos sueltos y una vegetación achaparrada muy delicada que tarda décadas en crecer a miles de metros de altura. Al pisar fuera del sendero, destruimos esta cobertura vegetal y aflojamos la tierra. Con el viento blanco y las pocas pero intensas lluvias de la región, el suelo suelto se erosiona rápidamente, destruyendo las laderas. Mantenerse en el sendero es respetar el terreno y asegurar que la ruta siga existiendo.
La fauna autóctona no necesita tu comida

Cruzarme con un zorro colorado curioso, ver planear un cóndor andino o divisar un grupo de guanacos a la distancia es, para mí, uno de los mayores regalos de la cordillera. Pero recordar que somos intrusos en su hogar es clave.
Nunca, bajo ninguna circunstancia, debemos alimentar a los animales salvajes. Darles comida altera su comportamiento natural de búsqueda de alimento, los vuelve dependientes del ser humano y los expone a enfermedades para las que no tienen defensas. Tampoco dejes restos de comida al alcance de los roedores, ya que esto altera el equilibrio biológico de la zona. Disfrutá de su presencia desde una distancia prudente y sin interferir en sus vidas.
Fuego cero y cuidado del agua
La Alta Montaña de Mendoza es una zona de extrema sequedad. El riesgo de incendios es altísimo y un fuego mal apagado puede desatar una catástrofe irreversible en un entorno donde el agua es un recurso escaso. En tus salidas de trekking por la zona, las fogatas deben estar completamente descartadas. Llevá siempre un calentador de montaña si necesitás cocinar o calentar agua para el mate.
Por otro lado, los arroyos y vertientes de deshielo son fuentes de agua pura. No laves tus utensilios de cocina directamente en el agua corriente, ni uses jabones o detergentes cerca de las orillas. Cargá agua en un recipiente y lavá tus cosas al menos a cincuenta metros de la fuente de agua, usando productos biodegradables o, mejor aún, solo agua caliente y un buen frotado.
Mis consejos prácticos de caminante
Como alguien que pasa gran parte del año recorriendo estos senderos, te comparto un par de hábitos muy sencillos que cambiaron mi forma de relacionarme con el entorno y que podés empezar a aplicar hoy mismo: Antes de salir, asegurate de llevar el equipo adecuado para una caminata de montaña en los Andes mendocinos y así caminar con más seguridad.
- La bolsita de residuos siempre a mano: No dejes tu bolsa de basura en el fondo de la mochila. Tenela en un bolsillo externo y accesible. Así vas a poder guardar desde el envoltorio de una barra de cereal hasta el papel higiénico que uses en el camino sin darte pereza.
- El "plogging" silencioso: Acostumbrate a levantar la basura que encuentres en el camino, aunque no sea tuya. Un pedazo de plástico, una lata vieja, un hilo de nylon. La montaña te lo va a agradecer y vas a dejar el lugar un poco mejor de como lo encontraste.
- Respetá el silencio de la cordillera: Evitá gritar o usar parlantes portátiles para escuchar música mientras caminás. El viento, el crujir de las piedras bajo tus botas y el silencio andino son parte del paisaje que todos venimos a buscar. Respetá el derecho de los demás caminantes a disfrutar de la paz de la montaña.
- Planificá tu salida con antelación: Un caminante responsable también es un caminante seguro. Informate sobre el clima, las rutas permitidas, llevá el equipo adecuado y avisá siempre a alguien adónde vas. El respeto a la montaña empieza por el respeto a tu propia vida.
La montaña nos transforma, cuidémosla
Caminar por los Andes es una experiencia que te cambia la perspectiva del mundo. Nos hace sentir pequeños pero, a la vez, sumamente conectados con la naturaleza salvaje. Cuidar este santuario de piedra, nieve y viento es una responsabilidad que compartimos todos los que amamos la montaña.
La próxima vez que prepares tu mochila para venir a Mendoza, pensá en el legado que querés dejar a tu paso. Que tu única huella sea la de tus botas sobre la tierra del sendero y que tu mayor recuerdo sea el respeto por este gigante que nos permite caminar por sus laderas.
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