El viaje empieza en la Ruta 7: Rumbo al techo de América

El viaje empieza en la Ruta 7: Rumbo al techo de América

Viajar por la Ruta Nacional 7 en Mendoza es mucho más que hacer un trayecto en auto; es adentrarse en el corazón de la Cordillera de los Andes. Como apasionado de estas cumbres, siempre digo que este camino tiene una mística especial. Es la misma ruta que siguieron los pioneros, la que custodia el imponente cerro Aconcagua y la que nos conecta con la inmensidad de la montaña. Si estás planeando esta aventura, te invito a descubrir las paradas indispensables y algunos consejos para que disfrutes del recorrido de forma segura y respetuosa.

La Ruta 7 une la ciudad de Mendoza con el límite internacional con Chile. A medida que subimos, el paisaje cambia de forma drástica: los viñedos del llano dan paso a paredones de roca rojiza, valles de altura y cumbres cubiertas de nieve eterna. Es un viaje que se disfruta con la ventana baja, sintiendo cómo el aire se vuelve más fresco y puro a cada kilómetro. Si además pensás hacer senderismo en altura, conviene informarte bien para evitar errores comunes de principiantes.

Paradas indispensables en la Ruta de Alta Montaña

Potrerillos: El primer encuentro con el agua y la cordillera

A solo 50 kilómetros de la ciudad, el viaje nos regala la primera gran postal: el Dique Potrerillos. El contraste del agua turquesa con las montañas áridas del fondo es imponente. A mí me gusta parar acá temprano, cuando el agua está tan calma que parece un espejo. Es un gran lugar para estirar las piernas y tomar unos mates antes de que empiece la verdadera subida. Recordá que el viento en esta zona suele ser fuerte, así que siempre viene bien tener un abrigo a mano.

Uspallata: El corazón del valle

Uspallata es el oasis de la Alta Montaña. Este valle verde, rodeado de alamedas, tiene una carga histórica enorme, ya que fue uno de los puntos clave del cruce del Ejército de los Andes. Para los viajeros, es la última parada con servicios completos (combustible, proveedurías y gastronomía) antes de seguir subiendo. Si tenés tiempo, te recomiendo desviarte unos minutos para conocer las Bóvedas de Uspallata, unas construcciones históricas de adobe que guardan el pasado minero y militar de la región.

Puente del Inca: Una curiosidad de la naturaleza

Puente del Inca: Una curiosidad de la naturaleza

Ubicado a unos 2.700 metros sobre el nivel del mar, este monumento natural es famoso en todo el mundo. Se trata de un puente de roca formado de manera natural sobre el río Las Cuevas, cubierto de sedimentos minerales que le dan colores amarillos, naranjas y ocre debido a las aguas termales de la zona. En su época dorada, aquí funcionaba un hotel de lujo del que hoy solo quedan las ruinas de los baños termales, sobrevivientes de un alud en 1965. Es un lugar para contemplar desde los miradores con mucho respeto por su fragilidad geológica.

Parque Provincial Aconcagua: El mirador del gigante

El punto culmine para muchos es, sin dudas, el ingreso al Parque Provincial Aconcagua. Aunque la cumbre de 6.961 metros está reservada para expedicionarios experimentados, el parque ofrece senderos autoguiados de baja dificultad que están abiertos todo el año (si el clima lo permite). El sendero a la Laguna de Horcones es una caminata corta, apta para toda la familia, que te permite tener una vista imponente de la pared sur del Aconcagua. Caminar acá, rodeado de la inmensidad andina, es una experiencia que te cambia la perspectiva del viaje.

Las Cuevas: El último pueblo de la frontera

Casi en el límite con Chile, a unos 3.200 metros de altura, se encuentra Las Cuevas. Es un pequeño caserío con una arquitectura de estilo nórdico que parece detenida en el tiempo. El clima acá es riguroso y el silencio es absoluto. Si el camino de ripio está habilitado y el clima acompaña, desde aquí se puede subir al monumento del Cristo Redentor, ubicado a casi 4.000 metros de altura, justo en la línea fronteriza. La vista desde arriba es, literalmente, estar en el techo del mundo.

Consejos de Mateo: Cómo prepararte para la Alta Montaña

Consejos de Mateo: Cómo prepararte para la Alta Montaña

La montaña es hermosa, pero exige respeto. Para que tu viaje sea un gran recuerdo y no un momento de tensión, te sugiero tener en cuenta estas recomendaciones que siempre aplico en mis salidas:

  • Chequeá el pronóstico y el estado de la ruta: El clima en los Andes cambia en minutos. Antes de salir de la ciudad de Mendoza, consultá siempre si el paso internacional está habilitado y si hay alertas de viento blanco o temporal.
  • Atento al apunamiento (mal de altura): Vamos a pasar de los 750 metros de la ciudad a más de 3.000 metros en pocas horas. Hidratate bien, comé liviano durante el viaje y camina despacio. Si sentís dolor de cabeza o mareos, es momento de descansar y no seguir subiendo.
  • Llevá ropa de abrigo en capas: Aunque en la ciudad haga calor, en la altura la temperatura baja drásticamente. El viento de la cordillera es frío, por lo que una buena campera cortavientos es indispensable.
  • Abastecé tu vehículo: No te confíes con el combustible. Cargá el tanque lleno en Uspallata. Llevá también agua potable de sobra y comida ligera por si surgen demoras en la ruta.

El respeto por el entorno: Cuidar para conservar

El respeto por el entorno: Cuidar para conservar

Cuando visitamos estos lugares, somos huéspedes de un ecosistema muy frágil. La fauna andina, como los guanacos y los cóndores, y la flora de altura luchan cada día por sobrevivir en condiciones extremas. Como viajeros responsables, nuestra prioridad debe ser no alterar su entorno.

Llevá con vos una bolsa para regresar a la ciudad con todos tus residuos, incluso los orgánicos como cáscaras de fruta, que en el clima seco de la montaña tardan años en degradarse. Transitá siempre por los senderos habilitados para evitar la erosión del suelo y recordá que está prohibido hacer fuego en toda la zona de reserva. Disfrutar de la Alta Montaña mendocina es un privilegio, y mantenerla intacta para las próximas generaciones es una tarea que nos toca a todos.