Apunamiento en la cordillera: qué tener en cuenta antes de subir

¿Estás planeando un viaje a la Alta Montaña de Mendoza? Si vas a recorrer la icónica Ruta 7 camino a Chile, visitar el histórico Puente del Inca o animarte a caminar por los senderos que miran de frente al coloso de América, el Aconcagua, hay un compañero de viaje silencioso que tenés que conocer: el apunamiento. En la cordillera, el cuerpo siente la altura, y eso es completamente normal. No hay que tenerle miedo, pero sí un profundo respeto.
Mi nombre es Mateo Rivas y, desde este espacio independiente que es lospuquios.com.ar, siempre insisto en lo mismo: la montaña se disfruta mucho más cuando somos responsables y entendemos dónde estamos parados. El mal de montaña, o "apunamiento" como le decimos acá, no es una enfermedad, sino la respuesta física y natural de nuestro organismo adaptándose a un entorno con menor presión atmosférica. Conocer cómo funciona y cómo prevenirlo es la clave para que tu experiencia en los Andes sea inolvidable y, sobre todo, segura.
¿Por qué nos apunamos en los Andes?

A medida que ascendés por la ruta cordillerana, el aire se vuelve menos denso. Esto significa que, aunque el porcentaje de oxígeno en el aire sigue siendo el mismo, la presión atmosférica disminuye y las moléculas de oxígeno están más separadas. En cada bocanada de aire que tomás, entra menos oxígeno a tus pulmones.
La Ciudad de Mendoza se encuentra a unos 750 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo, en un viaje de pocas horas podés pasar por Uspallata (2000 metros), Penitentes (2600 metros), Puente del Inca (2700 metros) y llegar a Las Cuevas o al mirador del Aconcagua, que superan los 3100 metros. Tu cuerpo necesita tiempo para procesar este cambio drástico de altitud, y si subís demasiado rápido, es muy probable que aparezcan las primeras señales de alerta.
La aclimatación: el gran secreto de la montaña

La aclimatación no es un proceso que se pueda apurar; es un ejercicio de paciencia. Cuando el cuerpo detecta que hay menos oxígeno disponible, empieza a activar mecanismos de compensación, como aumentar la frecuencia cardíaca y la respiración para llevar más oxígeno a las células. Con los días, el cuerpo produce más glóbulos rojos, pero en una excursión de un día o de un fin de semana, tenemos que ayudarlo con una subida progresiva.
A mí me gusta recomendar que no hagas el trayecto de un solo tirón. Si tenés tiempo, una excelente idea es parar a tomar unos mates en Uspallata, caminar un rato sin prisa y dejar que el cuerpo registre el cambio de altitud. La prisa es la peor enemiga en la cordillera. Si vas a hacer senderismo en altura, también es clave evitar errores comunes de principiantes y avanzar de forma progresiva.
Consejos prácticos para prevenir el apunamiento

Para evitar que el dolor de cabeza o los mareos te empañen el paisaje, existen ciertas pautas de comportamiento básicas que podés aplicar desde el momento en que salís de tu casa. No necesitás ser un atleta de élite, solo tenés que ser un viajero inteligente.
- Hidratación constante: El aire de la montaña es sumamente seco y, al respirar más rápido para compensar la altura, perdés mucha agua sin darte cuenta. Tomá agua mineral de manera constante, incluso antes de tener sed. Evitá las bebidas azucaradas o gasificadas.
- Comer liviano: A gran altura, el sistema digestivo trabaja mucho más despacio porque el cuerpo prioriza enviar sangre a los músculos y al cerebro. Evitá las comidas pesadas o con mucha grasa antes y durante el ascenso. Optá por carbohidratos de fácil asimilación, frutas y frutos secos.
- El "paso de montaña": Caminá despacio, disfrutando del entorno. No corras para sacarte una foto ni intentes subir una cuesta al mismo ritmo que caminarías por el centro de la ciudad. El ritmo ideal es aquel que te permite mantener una conversación sin agitarte.
- Cero alcohol y tabaco: El alcohol deshidrata y altera la aclimatación natural del cuerpo. El tabaco disminuye la capacidad de tus pulmones para absorber el ya escaso oxígeno. Guardá el brindis para cuando vuelvas a la base.
- Descanso previo: No subas a la Alta Montaña después de una noche de poco sueño o de un viaje largo en auto. Un cuerpo descansado responde muchísimo mejor a la exigencia de la altitud.
Escuchar al cuerpo: los síntomas a tener en cuenta
El cuerpo siempre avisa. El problema es que a veces, por orgullo o por no querer retrasar al grupo, ignoramos las señales. Prestar atención a lo que sentís es parte de ser un montañista responsable. Los síntomas más comunes del apunamiento leve incluyen:
Dolor de cabeza sordo
Suele ser el primer síntoma en aparecer. Se siente como una presión en la frente o en las sienes. Si bien es molesto, muchas veces cede con hidratación, un descanso y un analgésico común.
Fatiga y debilidad inusual
Sentir que las piernas te pesan el doble de lo normal al hacer un esfuerzo mínimo es una clara señal de que tus músculos demandan un oxígeno que todavía no les está llegando de forma eficiente.
Náuseas o falta de apetito
La altura puede alterar el estómago. Si sentís el estómago revuelto o no tenés ganas de comer nada, es momento de parar, sentarte a la sombra y tomar pequeños sorbos de agua templada.
Saber cuándo descender: la decisión más inteligente
Hay una regla de oro en la montaña que todo el mundo debería tatuarse: la seguridad está por encima de cualquier cumbre, mirador o foto de Instagram. Si vos o alguno de tus acompañantes presenta síntomas de apunamiento que no mejoran después de descansar un rato a la sombra, tomar agua y abrigarse, la solución es una sola y es infalible: perder altura.
Descender apenas unos 300 o 500 metros suele ser suficiente para que los síntomas desaparezcan casi por arte de magia. No hay ninguna vergüenza en dar la vuelta. La cordillera no se va a mover de donde está; siempre va a haber una próxima oportunidad para volver a visitarla.
Disfrutar de la inmensidad de los Andes mendocinos es una experiencia maravillosa que te transforma. Si vas con respeto, bien hidratado, caminando despacio y escuchando lo que tu cuerpo te dice, el apunamiento será solo un detalle del camino y no el protagonista de tu viaje. ¡Nos vemos en la ruta!
Deja tu comentario
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *.