Alta Montaña en familia: el gran viaje por la Ruta 7

Viajar por la Ruta Nacional 7 con chicos es una de las experiencias más fascinantes que ofrece Mendoza. El paisaje cambia a cada kilómetro. Aparecen ríos, paredones de roca, túneles y, finalmente, las cumbres más altas de América. Es una oportunidad perfecta para despertar la curiosidad de los más pequeños por la naturaleza, la historia y la geografía.
Sin embargo, las montañas imponen sus propias reglas. La altitud, el clima cambiante y las distancias requieren una planificación diferente cuando viajamos con niños. En esta guía te comparto consejos prácticos para organizar un viaje seguro, cómodo y memorable para toda la familia.
La altura y los más chicos: cómo adaptarse sin sobresaltos

Uno de los puntos clave al recorrer la Alta Montaña mendocina es el ascenso paulatino. Salimos de la ciudad de Mendoza a unos 750 metros sobre el nivel del mar y podemos superar los 3.000 metros al llegar a Las Cuevas. Esta diferencia de altura se siente, y el cuerpo de los chicos suele manifestarlo antes.
A partir de los 2.000 metros de altitud, el aire es más seco y la presión atmosférica disminuye. No hay que tener miedo, pero sí precaución y mucha paciencia.
- Subir progresivamente: No conviene hacer el trayecto de un tirón. Es ideal hacer paradas intermedias para que el organismo se adapte al cambio.
- Hidratación constante: Ofreceles agua con frecuencia, incluso si no piden. La sequedad de la montaña deshidrata más rápido de lo que creemos.
- Comidas livianas: La digestión en la altura es más lenta. Es preferible optar por colaciones suaves, frutas y carbohidratos simples.
- Atención a las señales: Dolor de cabeza, somnolencia inusual, irritabilidad o náuseas son síntomas de mal de altura. Si ocurren, lo mejor es descansar a la sombra, beber agua y, si persisten, descender a una cota más baja.
Un itinerario familiar sugerido por la Ruta 7
Para que la salida sea un éxito, el secreto está en organizar un recorrido con paradas breves y atractivas. Caminar un poco, mirar el paisaje, sacar fotos y volver al auto evita el cansancio excesivo.
1. Potrerillos: el primer contacto con el agua y los cerros
A menos de una hora de la capital, el embalse Potrerillos ofrece una vista imponente de las aguas turquesas rodeadas de montañas. Es el lugar perfecto para hacer la primera pausa, estirar las piernas y tomar aire fresco.
2. Uspallata: el valle para recargar energías
Uspallata se encuentra a unos 2.000 metros de altura y marca la transición hacia la alta cordillera. Aquí podés aprovechar para almorzar, reponer provisiones, cargar combustible y dejar que los chicos corran un rato en la plaza o en las zonas verdes.
3. Puente del Inca: historia, mineral y leyenda
Ubicado a casi 2.700 metros de altura, este monumento natural impresiona a grandes y chicos por sus tonos amarillos, naranjas y rojizos. Es un excelente punto para explicarles a los niños cómo la naturaleza y las aguas termales moldearon esta estructura tan particular a lo largo de los siglos.
4. Mirador del Aconcagua: contemplar al gigante
A pocos kilómetros de Puente del Inca se encuentra la entrada al Parque Provincial Aconcagua. Desde el centro de visitantes parte un sendero accesible y de baja dificultad que lleva hasta el mirador de la laguna Horcones. Desde allí, si el clima lo permite, se aprecia la cara sur del cerro Aconcagua. Es una caminata corta, segura e inolvidable para hacer en familia.
Equipamiento y ropa: la regla de las capas

En la montaña el clima cambia en cuestión de minutos. Aunque en la ciudad haga calor, en la cordillera el viento puede ser frío y la temperatura descender rápidamente. La clave está en vestir a los chicos como "cebollas", utilizando varias capas de abrigo fáciles de poner y sacar.
- Primera capa (térmica): Camiseta y calza de material sintético que mantengan el cuerpo seco.
- Segunda capa (abrigo): Buzo polar o abrigo liviano que retenga el calor corporal.
- Tercera capa (protección): Campera rompevientos e impermeable para protegerse de las ráfagas o precipitaciones.
- Calzado cómodo: Zapatillas de trekking o deportivas con buena suela antideslizante. Evitá el calzado nuevo para prevenir ampollas.
- Protección solar integral: Gorro para el sol, gorro de lana para el frío, anteojos de sol con filtro UV y protector solar de factor alto. La radiación ultravioleta en la altura es intensa.
Consejos y detalles para el camino

Viajar en auto por montaña requiere un ritmo tranquilo. Disfrutar del viaje es tan importante como llegar al destino. Aquí van algunos detalles que marcan la diferencia cuando viajamos con los más chicos:
- Mucha agua mineral y colaciones saludables: Llevar frutos secos, barras de cereal, frutas frescas y sándwiches livianos.
- Ropa de repuesto accesible: Los chicos suelen mojarse o ensuciarse. Guardá un cambio completo de ropa a mano en el habitáculo del auto.
- Entretenimiento sin pantallas: Las curvas de la montaña pueden generar mareos si van mirando pantallas. Es mejor proponer juegos de observación, buscar formas en las rocas o escuchar música familiar.
- Bolsas para residuos: La montaña es un ecosistema frágil. Todo lo que llevamos debe volver con nosotros. Enseñarles a los chicos a no dejar rastro es parte esencial de la experiencia.
Una aventura compartida que se transforma en recuerdo
Recorrer la Alta Montaña de Mendoza en familia es conectar con la inmensidad de los Andes desde la curiosidad y el respeto. No hace falta hacer grandes ascensiones ni caminatas extenuantes para sentir la magia de este lugar. Con una buena planificación, respetando los tiempos de la altura y prestando atención a las necesidades de los más pequeños, la Ruta 7 se convierte en un escenario inolvidable para grandes y chicos.
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